En Chicago, Estados Unidos,  los funcionarios alertaron sobre el riesgo de congelamiento instantáneo durante el que podría convertirse en el día más frío de la historia de la ciudad. En el medio oeste norteamericano, se han abierto centros de refugio contra el frío. Y los inauditos vientos polares provenientes del Ártico forzaron el cierre de las escuelas y las universidades de toda la región.

Al mismo tiempo, del otro lado del planeta, una ola de calor que superó todos los registros desató incendios en Australia. El elevado uso del aire acondicionado sobrecargó las redes eléctricas y causó cortes. Los sindicatos reclamaron leyes que exijan el cierre de empresas cuando las temperaturas alcancen niveles peligrosos, como los casi 47°C de la semana pasada en Adelaida, la capital de Australia Meridional. También la Argentina sufrió el calor extremo, con sensación térmica cercana a los 45°C.

Así es la era del clima extremo, que se produce como una sumatoria de eventos extremos de todo tipo y en todas partes del planeta.

 

“Cuando sucede algo -ya sea una ola de frío, incendios forestales o huracanes- tenemos que pensar más allá de lo visto en el pasado y admitir que hay una alta probabilidad de que sea peor que todo lo que hemos conocido hasta ahora”, dice Crystal A. Kolden, profesora asociada de la Universidad de Idaho, especializada en incendios forestales, y que actualmente trabaja en Tasmania, mientras se desata uno de los peores incendios estacionales en la región.

Tengamos en cuenta estos ejemplos recientes: el año pasado se rompieron récords de calor desde Noruega hasta Argelia. En Australia, la sequía se prolonga desde hace tanto tiempo que un niño de preescolar difícilmente haya visto alguna vez la lluvia. Y California sufrió en 2018 los incendios forestales más ruinosos de su historia, que esta semana condujo a la quiebra a la empresa de servicios públicos más importante del estado, Pacific Gas and Electric.

 

Según la Organización Meteorológica Mundial, los últimos cuatro años fueron los más calurosos de los que se tenga registro, y los 20 años más calurosos tuvieron lugar en los últimos 22 años. Además, las temperaturas de los océanos rompieron récords.

Respecto a las temperaturas extremadamente bajas que se registran esta semana en algunas partes de Estados Unidos, marcan un contraste con la tendencia hacia inviernos más calurosos. Por más extraño que parezca, también pueden ser la consecuencia del calentamiento global. Las investigaciones más recientes sugieren que el calentamiento del Ártico está causando cambios en la corriente en chorro y empujando el aire polar hacia latitudes inusuales que no suelen estar preparadas para soportarlo. De allí el atípico frío en grandes franjas del nordeste y medio oeste de Estados Unidos.

 

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