Sólo con la premisa de criticar al Intendente de Río Grande y alimentar la grieta que separa al Gobierno de la provincia del Municipio de Río Grande, el secretario de Deportes de la provincia, Ramiro Bravo, protagonizó un papelón sin precedentes.

Animado por esa vocación de hacer los deberes, Bravo criticó primero la decisión del Presidente Mauricio Macri de convertir la Secretaría de Deportes en una Agencia que dependerá de la Presidencia de la Nación, entendiendo que detrás de esa medida “se esconde la intención de entregarles a los privados los bienes que son de todos, como por ejemplo el predio del CeNARD. Esto no es ni más ni menos que la privatización del deporte argentino”.

Sin embargo, acto seguido Bravo cargó, (mostrando una importante falta de conocimiento y un desprecio por la información fidedigna), contra el Intendente de Río Grande al decir que la medida de Macri “no es inédita” ya que hace varios años el intendente de Río Grande Gustavo Melella “resolvió llevar la Subsecretaría de Deportes Municipal también al rango de Agencia”.

La burrada de Bravo se podría haber evitado si se consultaba al Concejo Deliberante de Río Grande o si el responsable de deportes de la provincia tuviera conocimientos del desarrollo y normativa del deporte fueguino en general y el de Río Grande en particular y podría hacer mejor los deberes y quedar bien con sus superiores.

El caso es que el Concejo Deliberante de Río Grande, mediante la Ordenanza Nº 1935/04 creó la agencia Municipal de deportes. Esta decisión se adoptó para darle al deporte mayor importancia en las políticas Municipales ya que hasta ese momento figuraba como Secretaría. En cambio con la decisión del Concejo la Agencia adoptó mayor autonomía y capacidad de maniobra.

Como se advertirá, la decisión fue adoptada, además, en el 2004, es decir que en ese momento el actual intendente de Río Grande ni siquiera era secretario de la Producción del entonces Intendente Jorge Martín por lo que mal se lo puede comparar con el Presidente Macri.

El papelón de Bravo, sin embargo, deja en claro, una vez más que la torpeza suele ser el principal adversario del sentido común.

 

Fuente: Ecos Fueguinos

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