se cumplen 22 años de esta aventura
De Neuquén al mar en balsas por el Río Negro, una aventura increíble que no se volvió a repetir
Se trata de una singular travesía que tuvo lugar allá por el año 2000, en la que doce balsas con sesenta navegantes se aventuraron a recorrer nada menos que 720 km por el Río Negro. En una de esas balsas viajaban tres personas que vivieron en Río Grande.
Las balsas fueron especialmente diseñadas con la particularidad que no ser contaminantes. Salieron desde Neuquén un 16 de enero y navegaron por varios días por el Río Negro hasta llegar a su desembocadura en el océano Atlántico, uniendo así las ciudades de Neuquén y Viedma, en un recorrido de 723 kilómetros. La expedición estuvo compuesta por 12 balsas, con 53 navegantes varones y 7 mujeres. Una de las balsas, compuesta por 6 navegantes, estaba integrada por tres personas que vivieron en Río Grande, ellos eran Rafael Rodríguez (Rafa), y sus dos hijos, Juan José “Juanjo”, y Pablo.
En diálogo con La ContraTAPA, Rafael compartió parte de la historia que él mismo escribió tras la increíble hazaña. “Recorrer el Río Negro desde su nacimiento hasta la desembocadura en balsa fue una aventura que es difícil de transmitir en imágenes o filmaciones... hay que vivirla”.
Rafael explicó que el plan surgió “como inquietud de un grupo de scout adultos que habían realizado años atrás, y que dio lugar al Proyecto CUMELENCO que significa "estar bien en el agua" en Mapuche”.
“Trabajamos duro aproximadamente desde mediados de 1999, para botarla al dique Paso Piedra sobre fines de noviembre. Probamos ansiosos todo, flotabilidad, el sistema de pedaleo, timón, en fin, convencido del buen funcionamiento, esperamos al 15 de enero para cargar “Abelarda”, nombre que le pusieron a su balsa
Rafael señaló que “nos separaba varios kilómetros una de otra balsa, esto lo hacía más interesante ya que cada grupo tenía libertad de planificar y resolver solos sus dificultades. Después de varias experiencias y un montón de anécdotas, de remar y pedalear una hora por turno, de navegar hasta 14 horas diarias, de pasar algunas noches al sereno en bolsa de dormir solamente, llegamos a Viedma el jueves 27 de enero del 2000”.
“Vivimos esto con mucha pasión, con espíritu scout. La naturaleza nos regalaba todos los días toda su belleza, el paisaje y sus aves”.
En relación a los retos del viaje, Rafa dijo que “Las mayores dificultades fueron el viento de frente y los troncos bajo el agua que había que esquivarlos, en ocasiones con dificultad. La clave para el éxito fue el trabajo en equipo y la mano de Dios que nos guió en reiteradas oportunidades” reconoció
“En lo personal el haber realizado esta aventura con dos de mis hijos Juanjo de 21 y Pablo de 20 años, fue una experiencia espectacular” concluyó.
LAS BALSAS
Cada balsa era preparada por cada equipo, pero en general eran parecidas a los que suelen usarse para recreación en los lagos de los bosques porteños de Palermo, pero miden hasta cinco metros de largo y tienen un sistema de trasmisión de fuerza de los pedales que da mayor impulso en las aguas abiertas del río Negro, con una velocidad promedio de diez kilómetros por hora.
Las balsas eran tripuladas por seis personas, que se turnaban por parejas cada 15 minutos en el pedaleo. Se trata de balsas totalmente ecológicas, porque su navegación no produce ningún efecto contaminante en el río.
Las balsas que arribaron a Viedma fueron, "Reina del Plata", de Capital Federal; "Maffeking" y "Fray Romeo", de Olavarría; la "Martín Pescador", de Punta Alta; "Abelarda", de Bahía Blanca; "Suyai", de Coronel Suárez; "Lucas", de Santa Rosa, La Pampa, y "Hueybumba" y "Trahuencó", de Neuquén, y la "Impeesa", que era la nave insignia de la flota.
Tras su recorrida, los navegantes fueron recibidos por autoridades municipales del área de Turismo de Viedma. Aunque la travesía fue destacada por las autoridades, nunca se volvió a repetir.

LA HISTORIA DE LA BASLA ABELARDA CONTADA POR RAFAEL
Después de dormir con mucha ansiedad por la aventura que nos esperaba. Nos dispusimos a esperar, la orden de partida. Salieron varias antes que nosotros y mientras el público aplaudía y victoreaba los navegantes, nosotros especulábamos como seria la partida, observando los resaltados de las balsas que salían. Cada vez más la adrenalina, aumentaba nuestro nerviosismo, hasta que llego el momento de partir con ……. Al mando de los pedales, El Capitán Jabalí al mando del timón, el resto expectante, partíamos del balneario de Neuquén
A escasos 250 metros aproximadamente, nos esperaba los rápidos del río ,nuestra alegría y jolgorio se detuvo… a metros de entrar a los rápidos, nuestro corazón entro en máxima pulsaciones y la adrenalina llego a su nivel más alto, sufrimos un choque con una piedra que nos costó la rotura de la antena, del radio comunicaciones y nos hizo preguntarnos "¿quién me mando a meterme en este lío… !!!" , pero fue un susto que nos llevó a considerar una cosa que no debemos omitir si volvemos a navegar, todos tenemos que estar con el salvavidas colocado. Pero el río se encargaba de marcarnos los errores, en cuanto entramos en él cause principal, prácticamente el nacimiento del río, descubrimos que todas la practicas que habíamos realizado no había sido ni parecidas a estas situaciones. Nuestra balsa no respondía a los timones, claro es que debíamos ganarle al río en velocidad y con los pedales no era posible. Por suerte habíamos previsto cuatro remos que no servirían en situaciones difíciles, y todo indicaba que en adelante deberíamos usarlos siempre para poder navegar, así que tomamos los remos grandes y de aquí en adelante no volveríamos a dejar de usarlos.
A medida que avanzábamos observábamos que muchas de las balsas habían caído en esta situación, pero no tenían las mismas con posibilidad de poner en práctica esto que nosotros si habíamos previsto y el río las había llevado al lugar que él quería. No habíamos recorrido más de 15 minutos por los rápidos que observamos algunas balsas enredadas en los árboles de la costa, esto no era nada comparada con una de las balsas de Neuquén que, por su poca preparación previa, el río tenía el control de la embarcación. Avanzaba proa y popa golpeándola con cuanto escollo encontraba.
Mas adelante y poco de encontrar este panorama, vemos a la Fray Romero que había dado vuelta campana y parte de sus pertenencias cámaras fonográficas y filmadora yacían bajó las aguas del Río Negro. Luego de luchar, con ayuda de lugareños, logran ponerla de nuevo en el río y continuar la travesía. Se acercaba el medio día del primer día y decidimos parar a la vera del río para almorzar, ya que a nuestro criterio a ese ritmo teníamos tiempo de sobra, Que equivocados que estábamos, subestimamos los escollos que nos esperaban más adelante, después de recrearnos con las bellezas del lugar retomamos nuevamente el curso.
En todo momento aprendíamos más de esto, que sería una de las aventuras más emocionantes, minuto a minuto el río nos mostraba las distintas formas y que había debajo para evitar que lleváramos por delante algún escollo, sus aguas se manifestaban de distintas maneras. Para salvar los escollos nos valíamos de un par de binoculares. Con 300 o más metros anticipábamos la maniobra a babor o a estribor de acuerdo a como se leía el río.
Las buenas maniobras del comienzo nos llenaron de orgullo y la sangre joven de algunos navegantes hizo que le vallamos perdiendo el respeto cada vez más al río. No querían ser los últimos y esto hacía que las maniobras cada vez más justas aumentaban las posibilidades de equivocarnos. No paso mucho tiempo hasta que el río nos dio un escarmiento, Para ir más rápido debíamos aprovechar el cause principal y cuanto más a la orilla íbamos más rápido nos desplazamos, la inconciencia se aprovechó del grupo y no tardo en golpearnos fuerte, una rama que salía de la costa a muy baja altura, a un metro sobre el río nada más, nos barrió casi todo dándonos por las costillas las ramas y rompiendo casi todo lo que estaba sobre la planchada, Federico en el pedal. Yo en el timón.
A unos metros del accidente nos detuvimos Perdimos un día entero en reparar en parte lo roto. Armamos la carpa y nos dispusimos a la tarea, Luego trabajar arduamente en la reparación esa tarde vimos pasar una de las balsas (que usaba velas), con las velas desplegadas y a toda popa, también pasó otra balsa con sus tripulantes, a la deriva sin timón ni remos, con una pala ayudándose, nos tiro una soga que alcanzamos y los trajimos a la orilla. Allí nos contó que habían roto la trasmisión y venían sin rumbo golpeándose, con cuanto escollo se les pusiera por delante.
Pasaron la tarde reparando lo más posible, le dimos un derrotero que teníamos fotocopiado y partieron, no supimos más de ellos. Llego la hora del descanso y a metros del lugar un brazo pequeño del río nos esperaba con sus aguas cristalinas y frescas. Reparamos nuestras fuerzas Cenamos y a dormir temprano para estar de nuevo navegando antes de las seis de la mañana