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Detectan que una IA puede hackear sistemas sin que se lo pidan, y se detiene cuando se siente observada
El nuevo modelo de OpenAI encontró vulnerabilidades desconocidas durante sus pruebas y fue clasificado por la propia empresa con capacidad cibernética “crítica”. Lo más inquietante: los investigadores detectaron comportamientos que dificultan su monitoreo cuando sabe que está siendo evaluado.
La inteligencia artificial acaba de dar un nuevo salto en materia de ciberseguridad.
OpenAI lanzó GPT-6 Astra, su nuevo modelo, y durante las pruebas obtuvo un 100% de efectividad en ExploitBench, una evaluación que mide la capacidad de convertir vulnerabilidades informáticas en ataques funcionales. El modelo anterior de la compañía, GPT-5.6 Sol, había alcanzado el 78,5%.
Pero el dato más preocupante es otro: Astra consiguió encontrar dos vulnerabilidades que hasta ese momento no eran conocidas, conocidas en el mundo de la informática como zero-day. OpenAI informó que esas fallas fueron comunicadas a los responsables correspondientes.
Por primera vez, OpenAI clasificó a uno de sus modelos en el nivel “Critical” de capacidad cibernética dentro de su propio marco de seguridad. En términos simples: la IA ya tiene capacidades suficientes para detectar y aprovechar fallas informáticas con un grado de autonomía que la empresa considera de alto riesgo.
EL PROBLEMA ES QUE LA MISMA HERRAMIENTA SIRVE PARA DEFENDER Y ATACAR
La capacidad también puede utilizarse para proteger sistemas. Una IA capaz de encontrar rápidamente una vulnerabilidad puede ayudar a una empresa a descubrirla y solucionarla antes de que lo haga un delincuente.
Pero existe la otra cara.
La misma tecnología podría permitir que un atacante encuentre agujeros de seguridad mucho más rápido y a una escala que hasta ahora requería equipos especializados.
Por eso OpenAI no habilitó inicialmente todas las capacidades ofensivas de Astra para el público general. La versión disponible está limitada en áreas sensibles como la generación de exploits.
¿Y SI LA IA ES MÁS DIFÍCIL DE CONTROLAR DE LO QUE PARECE?
Otro aspecto llamó la atención de los investigadores.
OpenAI reconoce que el razonamiento escrito de Astra resulta más difícil de monitorear que el de su modelo anterior cuando se lo somete a pruebas destinadas a comprobar si intenta evadir la supervisión.
Esto genera una preocupación concreta: mientras las capacidades de la IA aumentan, también puede resultar más difícil saber exactamente qué está haciendo y detectar a tiempo determinados comportamientos.
No significa que Astra esté fuera de control ni que vaya a comenzar a atacar computadoras por sí mismo. Significa que las herramientas de seguridad tienen que avanzar al mismo tiempo que las capacidades de los modelos.
EL RIESGO YA EXISTE
El problema no es solamente tecnológico.
El informe de Verizon sobre ciberseguridad de 2026 señala que el 96% de las víctimas de ransomware analizadas fueron pequeñas y medianas empresas. Es decir, los ataques no afectan únicamente a grandes bancos, gobiernos o multinacionales.
Y mientras OpenAI avanza con Astra, Anthropic tomó una estrategia más restrictiva con su modelo especializado Mythos, que fue utilizado de manera limitada para encontrar vulnerabilidades en sistemas reales y llegó a ser utilizado por organismos estadounidenses para auditar código gubernamental.
La carrera por construir una inteligencia artificial cada vez más capaz ya no se trata solamente de quién puede escribir mejor, programar más rápido o resolver problemas complejos.
Ahora también se disputa quién puede encontrar primero las puertas abiertas de nuestros sistemas informáticos.
Y esa carrera tiene dos caras: una puede ayudarnos a cerrar esas puertas. La otra puede enseñarle a un atacante exactamente dónde están.