Melella llamó a ser “líderes” y no “jefes”: una frase que invita a repensar la política fueguina
El Gobernador planteó la necesidad de distinguir entre ejercer autoridad y liderar con el ejemplo. Sus palabras abren una reflexión sobre los conflictos sindicales, las denuncias que involucraron a funcionarios y la desvinculación de trabajadores en circunstancias que despiertan interrogantes sobre el ejercicio del poder.
“Hay que replantearse todo lo que significa hoy el liderazgo. No es ser jefe; es ser un líder”, expresó Gustavo Melella durante las jornadas “Líderes del Fin del Mundo”, organizadas por la Cámara de Comercio de Ushuaia.
La frase propone una distinción que va más allá de las jerarquías y los cargos. Ser jefe implica ocupar una posición de autoridad; ser líder supone construir confianza, escuchar, aceptar las diferencias y sostener con acciones aquello que se expresa con palabras.
En la función pública, esa diferencia adquiere una dimensión particular. Porque conducir no consiste únicamente en tomar decisiones, sino también en la manera de hacerlo, en el trato con los trabajadores y en la respuesta frente a quienes cuestionan una gestión.
En Tierra del Fuego, distintos episodios invitan a detenerse en esa reflexión. Los conflictos con el sector docente, las denuncias por presunto acoso laboral y abuso de autoridad que involucraron a funcionarios en distintos momentos, así como los cuestionamientos por hechos de violencia protagonizados por un funcionario provincial, forman parte de antecedentes que merecen ser considerados en cualquier debate sobre liderazgo y responsabilidad pública.
A esa discusión se suma un caso que interpela directamente la relación entre autoridad y libertad de expresión: la desvinculación de un trabajador que había expuesto públicamente el estado de los edificios escolares. Según lo señalado, el episodio generó malestar en el Gobierno provincial y en el Ministerio de Educación, y terminó con la pérdida de su puesto de trabajo en el ámbito de un legislador oficialista.
La situación abre una pregunta que trasciende las responsabilidades individuales: ¿qué lugar ocupa la crítica dentro de una gestión? Visibilizar problemas en las escuelas puede resultar incómodo para las autoridades, pero también constituye una forma de poner en agenda situaciones que afectan a la comunidad educativa. Por eso, conocer los motivos de una desvinculación en ese contexto resulta fundamental para determinar si existió una relación entre la crítica y la decisión laboral.
No todos estos episodios tienen la misma naturaleza ni implican las mismas responsabilidades. Sin embargo, puestos en perspectiva, permiten pensar qué se espera de quienes conducen instituciones públicas y qué diferencia existe entre ejercer el poder desde un cargo y construir legitimidad a través de las propias acciones.
La reflexión que propuso Melella en Ushuaia no necesariamente debe quedar circunscripta a una jornada empresarial. También puede convertirse en una oportunidad para revisar las prácticas cotidianas de la política, la relación con los trabajadores, el tratamiento de las diferencias y la capacidad de reconocer aquello que necesita cambiar.
Porque el liderazgo no se define solamente por lo que una persona dice sobre sí misma, sino también por las decisiones que toma cuando debe afrontar una crítica, un conflicto o una diferencia de opinión.
Y allí queda planteado el interrogante: ¿cómo se construye una cultura de liderazgo en la política fueguina? ¿Alcanza con convocar a ser líderes y no jefes, o el verdadero desafío es lograr que esa diferencia también se refleje en los hechos, incluso cuando las críticas incomodan al poder?