El científico ruso Nikolái Álbov, quien tuvo a su cargo el departamento de Botánica del museo de La Plata, realizó una expedición –la más importante de su vida- a la Tierra de Fuego en enero de 1896, estadía que se prolongó casi por cuatro meses. Los resultados de esa expedición realmente fueron impresionantes. En total, Álbov reunió una colección de casi trescientas cincuenta variedades de plantas. A su regreso a La Plata, sintetizó sus investigaciones y el 6 de septiembre de 1896 dictó una conferencia pública en español “La naturaleza de la Tierra de Fuego”. Sin embargo, para los anales de la historia fueguina, su nombre es desconocido.

 

Río Grande (Ramón Taborda Strusiat).- Gracias al notable trabajo de Leonard Kósichev, quien tiene un ciclo de ensayos en la radio rusa en español denominado “Destinos de los rusos en Latinoamérica”, pudimos enterarnos de la existencia de Nikolái Álbov, “Explorador del Cáucaso y de la Tierra de Fuego”, un hombre con una historia muy rica, pero desconocida para la mayoría de los fueguinos.

 

Nikolái Álbov, célebre investigador de la flora de la Tierra del Fuego, encabezó el departamento de botánica en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

 

Según relata Kósichev, en 1899 la revista ‘Estudios de la Tierra’, que tenía muchos lectores en Rusia, publicó fascinantes ensayos científicos sobre la naturaleza de la Tierra de Fuego. Anteriormente, en Rusia se habían publicado materiales sobre esta región del mundo, de autoría de viajeros extranjeros. En esa ocasión por primera vez se les presentaban a los lectores publicaciones de un autor ruso sobre el crudo y exótico archipiélago, al que se le asignó el nombre de “fin del mundo”. Según las afirmaciones de los científicos, “en la Tierra del Fuego, por la que soplaban vientos del Antártico, concluyó la gran epopeya de la población de la Tierra por el hombre que había durado miles de años. Para finales del siglo XIX ya se contaba con suficientes datos etnográficos y antropológicos acerca de las tribus que poblaban ese rincón del planeta”. Pero la flora del lugar seguía en gran medida sin ser investigada. El científico ruso Nikolái Álbov se dedicó precisamente al estudio de la flora de la Tierra de Fuego.

 

Pero, cuando sus trabajos que habían despertado gran interés en Rusia, fueron publicados por la revista Estudios de la Tierra, el autor ya no estaba entre los vivos. Había muerto hacía dos años, a la edad de 31. Sin embargo, en el corto tiempo de vida que le había otorgado el destino, Nikolái Álbov alcanzó hacer mucho. Realizó valiosas aportaciones a la ciencia botánica. De él decían: “Compartía el alma de la naturaleza”. Su nombre quedó inmortalizado en los de las plantas.

 

En Argentina Álbov escribió y publicó sus obras en español y francés, fueron editadas en ruso después de su muerte. Todos los trabajos sobre la naturaleza de la Tierra de Fuego regresaron a su patria, pero el propio investigador encontró su reposo eterno en la tierra argentina. Está enterrado en la ciudad de La Plata, donde había trabajado en el museo de historia natural. Desde esa época, por más de medio siglo, no habían visto en ese lugar a científicos rusos. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial, una delegación de la Academia de Ciencias de la URSS, que se encontraba en Argentina, había visitado el museo de La Plata. Uno de los delegados escribió: “Nos recibieron cordialmente y en la despedida nos regalaron la última fotografía de Álbov, al que aprecian mucho aquí; su retrato adorna la pared del despacho en el que había trabajado”.

 

 

¿Qué caminos habían llevado al joven botánico ruso a la Argentina?

Siguiendo las palabras de Leonard Kósichev, aún en los años de sus estudios universitarios, los profesores le habían encomendado al talentoso joven que efectúe un viaje con fines científicos a las costas de Abjasia en el Mar Negro y las cuestas de los montes caucásicos adyacentes. Ese territorio es el corazón de la legendaria Cólquida, conocida desde los tiempos antiguos. Todavía en el siglo VI antes de Cristo ahí fueron fundadas colonias griegas. La descripción de Cólquida se encuentra en las obras de Herodoto, el padre de la historia en la Grecia Antigua, otros autores antiguos se refieren a ese bello rincón del mundo. De acuerdo con los famosos mitos, Prometeo estuvo encadenado en las rocas del Cáucaso, los argonautas buscaron en Cólquida el vellocino de oro. Pero, desde el punto de vista de la botánica, incluso para finales del siglo XIX, la región permanecía poco estudiada. La tesis Característica de las zonas vegetales de Abjasia fue el resultado de los estudios realizados por Álbov. Al joven científico se le otorgó el grado de candidato a doctor en ciencias naturales, el naturalista se ganó el reconocimiento de sus colegas mayores. Desde ese entonces, Álbov se vuelve un incansable investigador viajero del reino vegetal. “Siempre en camino, ese es mi destino”, escribe él.

 

Continuando sus estudios de otras regiones del Cáucaso Occidental y Cólquida, el científico de nuevo se pone en camino. Durante seis años se siguen una expedición tras otra. Tres de ellas son financiadas por la Sociedad Botánica de Suiza, de la que Álbov fue elegido miembro correspondiente. Sus trabajos Materiales para la flora de Cólquida y el Ensayo sobre la vegetación de Cólquida despertaron especial interés de la comunidad científica. Álbov proporcionó descripción de las plantas endémicas, las que se encuentran sólo en esa región geográfica. Descubrió ciento treinta nuevos representantes de la flora del lugar, que no conocían antes los botánicos. Muchos trabajos del científico son publicados en francés en Ginebra. Se vuelve vasta la bibliografía de sus investigaciones dedicadas al Cáucaso Occidental y las costas del Mar Negro. Merecidamente se le calificó a Álbov como “eminente conocedor de la flora caucasiana”.

 

En 1895 el investigador acepta el ofrecimiento de participar en la recogida de colecciones en Sudamérica. Deja el Viejo Mundo y viaja a Argentina. Le escribe a su hermana desde el país transatlántico: “Gracias a mis obras que componen mi pasaporte científico, me han dado la plaza de director del departamento de botánica en el museo de la historia natural de la ciudad de La Plata… Como por el momento no existe en el museo un departamento botánico, tendré que crearlo. El trabajo naturalmente es difícil, se necesitarán muchos años… El museo es una enorme institución, que ni en Europa he visto. Las colecciones son riquísimas… El museo tiene su propia imprenta y fototipia, donde imprimen las magníficas ediciones anuales del museo…”.

 

Inmediatamente después de Álbov llega a Argentina la noticia proveniente de la lejana patria, sobre su elección como miembro de número de la Sociedad Imperial de Amantes de las Ciencias Naturales, Antropología y Etnografía. En las cartas a sus parientes él escribe que sin falta regresará a la patria, porque “Lo querido por mí está allí, en Rusia”. Pero mientras, el investigador debe abrirse nuevos horizontes en la ciencia. Él se dedica a recolectar materiales viajando por la pampa, por Patagonia, por el pie de monte en los Andes. Tuvo que viajar por las regiones meridionales del país con la comisión para la demarcación fronteriza entre Argentina y Chile.

 

Viaje a la Tierra del Fuego

Pero, su expedición más importante fue el viaje a la Tierra de Fuego en enero de 1896, que se prolongó casi por cuatro meses. Los botánicos que habían visitado anteriormente ese crudo “fin del mundo”, solían limitarse a los litorales del océano y del Golfo de Magallanes. Por eso Álbov aspiraba internarse más allá en la Tierra de Fuego. “Visité lugares, donde seguramente, no había puesto su pie no sólo un naturalista, sino “el hombre blanco”, en general”, contaba el investigador en una carta a sus parientes. Al final pude descubrir toda una serie de plantas hasta ahora desconocidas de la Tierra de Fuego”.

 

Los resultados de esa expedición realmente fueron impresionantes. En total, Álbov reunió una colección de casi trescientas cincuenta variedades de plantas. A su regreso a La Plata, sintetizó sus investigaciones y el 6 de septiembre de 1896 dictó una conferencia pública en español “La naturaleza de la Tierra de Fuego”. Fue la primera conferencia pública en el museo. Fue editada bajo el mismo nombre. Después se publican sus Contribuciones a la flora de la Tierra de Fuego y la edición póstuma de La experiencia del estudio comparativo de la flora de la Tierra de Fuego. Es interesante el hecho de que se puedan ver esas ediciones en el museo de la antigua ciudad rusa de Pávlov-na-Oké, la ciudad natal de Nikolái Álbov. Llegaron allí de la siguiente manera: una vez los etnógrafos del lugar acudieron a la Embajada de Argentina en Moscú con la solicitud de que se les enviaran algunos documentos, relacionados con la vida y el trabajo de su ilustre compatriota en ese lejano país. En respuesta les llegó un pesado paquete, en el que, entre muchos otros materiales, estaban también esas obras, el testimonio de la aportación hecha por el científico ruso al estudio de la naturaleza de la Tierra de Fuego. “Estoy viajando, pero en todas partes dejo detrás de mí huellas auténticas”, escribió Álbov en una de sus cartas enviadas de Argentina a la patria. “Esas huellas no serán en balde. Las aprovecharán otros, y al final serán, creo yo, para el bien de la ciencia y la sociedad”.

 

De la traducción del ruso, logramos saber que Nikolai Mijailovich Albov (1866-1897), fue botánico, geógrafo y explorador y uno de los científicos más talentosos del siglo XIX. Hasta el momento, la relevancia de sus actuaciones, entró en la época dorada de la literatura botánica y geográfica del Cáucaso y Tierra del Fuego. Él recogió las plantas que adornan las colecciones botánicas del mundo, su nombre se da a la cordillera y el lago en el Cáucaso.

strusiat@yahoo.com.ar

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